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martes, 7 de marzo de 2017

Entrevistando a Álvaro Martín, Artal en la serie Templarios









En mayo del año 2014, el Canal Historia apostaba por una serie que logró ocupar un lugar privilegiado en el corazón de todos los que seguimos encandilados con la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, más conocidos como Templarios; con la colaboración de cinco ilustres historiadores y del grupo de recreación histórica El Clan del Cuervo, se forjó una serie documental nutrida de seis episodios que daba a conocer todos los rincones históricos de aquellos honorables caballeros. Su trama principal se centra en las Cruzadas, focalizando el argumento en cómo un niño llegaba a ser templario; ese personaje es Artal, caballero al que Álvaro Martín da vida durante el titánico rodaje. Durante la mitad de los episodios de Templarios vemos como Artal va evolucionando espiritualmente desde su más tierna infancia, pasando por el monasterio donde es criado y educado.
Tengo el gran honor de contar con la colaboración de Álvaro Martín en esta entrevista, donde podremos descubrir un poco más del hombre que hay realmente detrás de Artal y de sus actuales proyectos vinculados a nuevas series. Desde aquí quiero dar las gracias a Álvaro por su tiempo y paciencia, ha sido un verdadero placer contar con tu ayuda.

1. ¿Cómo descubriste el mundo de las interpretaciones históricas?Practicando esgrima. Comencé en 1995 y ahí conocí a Miguel Díaz de Espada (Hugo de Payns en la serie) y a la gente de El Clan del Cuervo.
Junto a ellos, formamos Lvdvs Hispaniense, un grupo de recreación centrado en los combates gladiatorios bastante cañero, con el cual estuvimos pasándolo genial durante unos años.
El Clan del Cuervo es un referente a nivel nacional dentro de la recreación histórica y siempre he colaborado con ellos cuando he podido y me han invitado, bien sea para documentales, lucha escénica o lo que fuera.

2. En el transcurso de la trama que envuelve a los capítulos de "Templarios", se percibe claramente la evolución espiritual creciente y constante de Artal ¿necesitaste algún tipo de preparación específica para poder armar y dar vida a tu personaje en ese sentido? 
La verdad es que Israel del Santo, director y guionista de la serie, sabe cómo sacar eso mismo de todos los que interpretamos a algún personaje en el documental. ¡Si sigues sus instrucciones es muy fácil! jeje.
Yo me imaginaba a Artal con miedo, pero a la vez lleno de entusiasmo, con una fe y con una convicción absoluta en que todo lo que hacía tenía un sentido más allá de de su propia persona. Me lo imagino dando por sus nuevos hermanos hasta su último aliento aunque no fuera lo mejor para su persona.

3. Teniendo en cuenta que en este tipo de trabajos enfocados principalmente en la historia, es primordial explicar y dar a conocer los episodios bélicos para poder comprender el resto del segmento histórico, ¿qué preparación física has precisado? ¿Se puede decir que ahora tienes destreza con armas de antaño como por ejemplo con la espada? 
Jeje, es más bien al contrario. La destreza con las armas ya la traía de antes. Vengo del mundo de las artes marciales y la lucha con armas, con el tiempo empecé a llevarlo al mundo escénico, ya que me divertía mucho más.

4. ¿Qué ha sido lo más complicado en la interpretación de Artal? 
¡¡Rodar en invierno en la sierra de Madrid!! Soy muy friolero.

5. Durante un rodaje supongo que las horas dan para infinidad de momentos únicos ¿recuerdas con especial cariño alguna anécdota de tu paso por Templarios?
A los meses de haber terminado de estar rodando en uno de los monasterios junto con los monjes, los cuales hasta nos prestaron sus hábitos para vestuario, estaba paseando por Madrid y empecé a escuchar que alguien gritaba ¡Artal, Artal! me dí la vuelta y me encontré al Abad del monasterio, jejeje la verdad que era un tío muy majo y estuvimos hablando unos minutos.
Me hizo ilusión encontrármelo fuera de allí.

Parte del equipo de Templarios


6. Cuando un personaje tiene tanta fuerza, debe ser complicado el hecho de tener que darle vida forjando su personalidad desde cero y eso conlleva nutrirse de información; de todo cuanto has leído acerca de la Orden del Temple ¿hay algo que se te haya quedado grabado especialmente?
No había leído mucho sobre la Orden hasta entonces. Pero me impresionó el fanatismo que podían llegar a desarrollar.
Me llamó mucho la atención el ritual que tenían para convertirte en monje guerrero, lo que ello significaba y las razones por las que lo realizaban así.

7. ¿Alguna de las escenas te ha logrado aportar algo como persona o a nivel espiritual? ¿A nivel espiritual? 
Nada, me ha hecho reafirmarme en mi convicción de lo malas que son las religiones. Como persona, me quedo con el equipo y la gente que conocí durante el rodaje. Espero seguir manteniendo relación personal y laboral con ellos durante mucho tiempo.

8. En documentales realizados con esta nueva estructura a modo de serie que escapa de la voz en off y de las imágenes a vista de pájaro ¿crees que se logra trasmitir más y en definitiva alcanzar algún punto superior de la curiosidad de los espectadores que con los documentales tradicionales? 
Por supuesto, te atrapan con más fuerza. Ahora mismo si quieres llegar a un público amplio tienes que utilizar este formato para los documentales históricos. Lo difícil es no caer en el absurdo. Algo que no ha ocurrido con Templarios.

9. Tras un día de trabajo finalmente se apagan los focos, hora de volver a casa, en ese momento en el que cierras la puerta y todo queda en el lugar de rodaje ¿te cuesta mucho desconectar de tu personaje o por el contrario es algo que te resulta fácil? 
Uy, la verdad es que no tuve nunca ese problema.

10. ¿Volveremos a verte pronto en algún proyecto de tintes medievales? ¿qué personajes te gustaría encarnar en futuros trabajos? 
Estamos rodando ahora mismo CONQUISTADORES: ADVENTUM, una serie de TV sobre los primeros años de la conquista de América, desde Colón hasta Cortés, pasando por Magallanes y Elcano, Nuñez de Balboa, Alonso de Ojeda...¡¡Va a dar mucho que hablar!!. No se ha hecho nada parecido hasta la fecha sobre esta etapa de nuestra historia.
Hemos estado rodando en el Amazonas brasileño durante dos meses y continuamos haciéndolo ahora mismo por España. La produce Movistar Plus, la dirige también Israel del Santo y se emitirá en octubre o noviembre de este año en Movistar #0. En esta serie, a parte de tener un papel pequeño, trabajo junto a Miguel Diaz de Espada en la coordinación de las escenas de acción. También participa en ella El Clan del Cuervo. En cuanto a qué personaje histórico me gustaría encarnar... no lo sé, alguno muy malo y retorcido, Torquemada o alguien peor.

Álvaro Martín dando vida a Artal en Templarios

miércoles, 8 de febrero de 2017

La batalla de Lucena, dueña de Boabdil y su ajuar

La historia de una nación se compone de innumerables resquicios en el tiempo, cimas que esconden una tramoya heroica y en múltiples situaciones ensombrecida por los entresijos palaciegos y las justas mudas entre hombres que creían tener honor contra los que realmente poseían un don innato para imponerse tan solo con el sonido de su voz al desangelado mortal que en ocasiones ligaba su arrogancia teñida de falso honor con su estructura ósea carente de espíritu; así nacieron los hombres que fueron elegidos por una mano invisible para formar el brazo armado de Dios que vio la luz durante la Primera Cruzada y que perduró más allá de la extinción de los Pobres Caballeros de Cristo. Vivimos en una era en la que todo lo que antaño regía el mundo ahora está relegado, no solo a un segundo plano si no estigmatizado por las nuevas corrientes sociales que bajo un nuevo modo de contemplar el deber de la humanidad ahora intentan hacer creer al propio ser humano que todo por lo que el hombre ha luchado no eran más que causas indignas de tener defensores y ha terminado por esbozar figuras como la de los grandes reyes Alfonso I El Batallador, Jaime I El Conquistador, y Alfonso VI El Bravo como auténticos despiadados trazados a carboncillo en las desgastadas páginas amarillentas de cualquier vulgar y sobrecogedor bestiario. Pero nada más lejos de la realidad, ya que gracias (sí, gracias) a los soberanos que con su enguantada mano empuñaron el alma de su espada contra el yugo islámico hoy podemos gozar de una libertad airosa y única, deberíamos echar la vista atrás y comprender la importancia de los capítulos que han vestido los tomos que un día estuvieron desnudos sin pensamientos entintados y que hoy son ilustres libros de historia, tesoros en papel que nos enseñan la grandeza de la tierra que pisamos, el valor del honor perdido y la valentía que junto con el coraje nos da la fuerza para defender aquello por lo que luchamos y en lo que creemos sin importar cómo caerá la noche, el ocaso nunca es fácil, pero alumbrados por las estrellas siempre se puede llegar al nuevo día, pase lo que pase mañana también amanece; así lo creyeron todos los hombres que de una manera u otra mantuvieron su figura firme durante la Reconquista, nombres que serán eternamente recordados como Pedro II de Aragón que cabalgó junto a Alfonso VIII de Castilla y Sancho VII de Navarra hasta el corazón del ejército musulmán en la famosa Carga de los tres reyes con la que se pondría el sello de unión español a las Navas de Tolosa. Cruzados, templarios, caballeros, reyes y españoles, algunos eternos y otros anónimos, pero todos ellos héroes.

Estatua del Cid y Babieca en Sevilla, erigida sobre el quemadero de la Inquisición

Hoy rescato del desván una de esas historias que casi al final de la Reconquista protagonizó un episodio cuanto menos anecdótico, y es que aquellas batallas estuvieron plagadas de datos curiosos, casualidades y oportunidades que en muchas ocasiones fueron hábiles movimientos ajedrezados claramente a nuestro favor, hablo de la captura de Boabdil durante la batalla de Lucena el 20 de Abril del año 1483, donde las fuerzas del bastión nazarí intentaron hacer una incursión sangrienta en el lugar para dar apoyo invisible pero altamente peligroso moralmente a su encarnizada lucha por el poder con su propio padre, algo que sostenía una demencial y eterna lucha dentro del propio Reino de Granada entre los partidarios de Muley Hacén y los de su hijo Muhammad XII (conocido por los cristianos como Boabdil El Chico). Cabe destacar que el verdadero motor de esta batalla fue la victoria con la que se alzó Hacén gracias a la ayuda de su hermano Muhammad XIII El Zagal en la serranía de la Axarquía de Málaga, después de ver cómo sus seguidores habían celebrado la conquista, Boabdil decidió demostrar su capacidad de ser igual o incluso mejor en el territorio bélico que su padre y su tío, de manera que dejándose aconsejar por su suegro Ibrahim Aliatar eligió Lucena para someter a los cristianos, reunió un ejército de ocho mil hombres de los cuales mil quinientos eran jinetes, y puso rumbo hacia las murallas de Lucena. Bajo el mando del alcaide Diego Fernández de Córdoba las almenaras comenzaron a dibujar una columna de humo en el cielo, con la esperanza de que a tan solo 11 kilómetros el conde de Cabra viera arder aquellas hogueras y dispusiera sus huestes para ayudar a su sobrino, Diego pensó con gran astucia en ganar algo de tiempo hasta que la ayuda se atisbara en el horizonte ofreciendo a El Chico negociar, aquella estrategia dio su fruto y cuando el nazarí cayó en la cuenta de que podría quedar atrapado entre ambos ejércitos bendecidos por la cristiandad, optó por retirarse. Puso rumbo a Granada, pero nadie podría haber previsto que las tropas del alcaide y del conde los alcanzarían en la parada que habían hecho para comer algo y descansar en el campo de Aras. Boabdil se apresuró a formar sus tropas para luchar sin más dilación, haciendo frente a los que él mismo horas atrás había decidido importunar.
Estatua de Aliatar en Loja
Destaquemos la valentía de los dos ejércitos aliados que tan solo en la primera acometida dieron muerte a más de una treintena de los caballeros más destacados fieles a Boabdil, pero fue en la segunda carga cuando la cristiandad asestó un golpe maestro a los moriscos, ya que la caballería condujo a los musulmanes hasta el río Pontón de Bindera que en ese instante gozaba de una temible crecida y uno a uno fueron sucumbiendo bajo el poder del agua. En aquella batalla el aclamado Ibrahim Aliatar se encontró cara a cara con la muerte a la par que las patas del corcel de su yerno quedaron hundidas en el fango, haciendo gala de una cobardía insultante, el sultán descabalgó y corrió apresurado para esconderse entre la espesura de la vegetación que rodeaba el paraje, tratando de pasar desapercibido; pero toda historia tiene un héroe y esta vez tenemos la suerte de poder ponerle nombre y apellido, Martín Hurtado fue el infante que vio al soberano nazarí entre los arbustos, Martín únicamente con su pica hizo prisionero a Boabdil aunque no se logro saber la increíble identidad del prisionero hasta pasados unos días, ya que éste se negaba a confesar la verdad. Una banda roja marcó al adinerado soberano como a un prisionero más y fue enviado con el resto de los apresados a las mazmorras del castillo del Moral (Lucena), conforme aquel lúgubre encarcelamiento iba teniendo más moradores musulmanes, la guardia comenzó a ver con sorpresa como muchos de ellos se postraban ante aquel preso, algo que indudablemente contribuyó a la identificación de su verdadera identidad, Muhammad XII.
Entre el conde de Cabra y su sobrino surgieron pequeñas diferencias sobre la custodia del prisionero, pero aquella disputa fue zanjada rápidamente por los Reyes Católicos en cuanto se les notificó la captura de Boabdil, el prisionero fue llevado hasta Porcuna (Jaén) donde fue encarcelado en la que pasó a ser recordada como la Torre de Boabdil, hasta que varios meses después de su confinamiento llegaron a un acuerdo, sería liberado a cambio de mantener la lucha contra su padre y su tío, el rey Fernando hacía honor con este preciso y meditado movimiento estratégico al famoso refrán divide y vencerás.

Castillo del Moral, actual Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena

Cuando El Chico fue capturado, a primera vista los soldados sabían que se trataba de alguien con gran poder económico, al menos su atuendo así lo indicaba, toda su indumentaria fue entregada por los Reyes Católicos a Don Diego Fernández de Córdoba en señal de agradecimiento por su gran ayuda en la Reconquista de Granada, el ajuar se compone de vestimenta y armas, actualmente estas piezas forman parte de la colección histórica expuesta en el colosal Alcázar de Toledo que en sus entrañas acoge el Museo del Ejército; a continuación veremos con más detalle este tesoro conocido como El ajuar de Boabdil:

  • Marlota: Esta prenda típica entre la vestimenta morisca de la época recrea la fina filigrana ligada estrechamente con los soberanos que precedieron a su portador. La pieza está realizada artesanalmente con seda, lino e hilo metálico para recorrer sus delicados trazos. Alcanza una envergadura de 103,2 x 155 cm y se caracteriza por su majestuoso tono rojizo, latente en los emblemas coloreados del reino al que perteneció.
  • Babuchas: Sin duda es una de las prendas más características de los musulmanes, hechas con cuero y cosidas hábilmente con hilo de lino, sus medidas son de 24 x 10 x 9 cm.
  • Polainas: Estamos de nuevo frente a dos piezas realizadas en cuero e hilo de lino, esta vez lógicamente son mucho más altas que las babuchas del mismo material y llegan a una medida de 63 x 18,5 cm.
  • Espada jineta con su correspondiente vaina: Una de las piezas más emblemáticas del Ajuar de Boabdil, se trata de la espada atribuida al último soberano musulmán de Granada. Es una espada jineta del siglo XV, realizada en acero, plata dorada, esmalte y marfil con una hoja de más de 90 cm; por otra parte la vaina es de madera, cuero, plata dorada, esmalte y seda, alcanza una longitud de 97 x 7,9 cm. Sobre la pieza podemos leer varias inscripciones, en la empuñadura yacen grabadas alabanzas hacia dios, una de las frases principales dice así: «Él es Dios, Uno, Dios el Eterno. No ha engendrado ni ha sido engendrado. No tiene par». Se destacan las letras rojas sobre los esmaltes verdes, los cuales nos recuerdan a los colores por excelencia vinculados a su dueño.
  • Estoque real y su vaina: Al igual que la espada, el estoque y la vaina están datados en el siglo XV, forjados y rematados en acero, oro, marfil, madera y cuero; su medida alcanza los 99 x 6 cm. En la empuñadura del estoque se puede leer una inscripción nazarí muy utilizada en la guerra santa que dice así «Wa-la galib illa Allah» lo que en nuestro idioma significa: Solo Dios es vencedor, frase que terminó por ser el lema dinástico. El estoque es mucho más ligero que una espada y aun teniendo la misma función, el arma se diferencia en la ligereza como acabo de comentar y en que rara la vez cortaba con su filo, dando así toda la importancia en acción a su afilada punta.

Ajuar de Boabdil 


miércoles, 5 de octubre de 2016

Roger de Flor, de templario a mercenario

Al amparo del Concilio de Troyes en el año 1129 la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo fue aprobada por la Iglesia Católica, de esta manera fortificaron sus raíces aquellos que más tarde se harían llamar templarios. Sus hazañas se remontan al transcurso de las Cruzadas, periodo en el que la cristiandad tenía como única meta arrebatar el territorio de Tierra Santa a los sarracenos, algo que más tarde condujo a la reconquista de España, de la que podemos subrayar nombres ilustres y de suma importancia en nuestra historia; el temple participó en la resistencia de numerosos enclaves, sus miembros debían someterse a unas duras pruebas de iniciación que consistían finalmente en la aceptación de su nueva vida, en el origen de la Orden y a partir de la aparición de Bernardo de Claraval, muchos jóvenes procedentes de los ilustres monasterios más austeros y disciplinarios, fueron llamados por el honor para empuñar la espada templaria en el nombre de Dios, entre ellos destacaban los muchachos criados en el seno de la cristiandad más pura como lo eran los vinculados a los monjes de la Orden del Císter. Aún así, pese a las duras pruebas de fe, uno de los factores más importantes en la aceptación de un nuevo miembro, era que el aspirante a templario tuviera un padrino, aquel que respondía por él y daba credibilidad a las palabras del nuevo caballero, de esta manera es cómo vemos inmerso a nuestro protagonista de hoy en la Orden.

"Conquista de Jerusalén" (Émile Signol, 1099)

El año 1267 será recordado para muchos por haber sido el que vio nacer a Roger de Flor en el bello Reino de Sicilia, su padre Ricardo, formaba parte de los cetreros al servicio del emperador Federico II, y su madre fue una burguesa de Brindisi. La familia hacía lo propio de la época en cuanto al derroche económico encauzado únicamente a destacar socialmente, su madre gastaba verdaderas fortunas en organizar fiestas y todo tipo de eventos, algo que poco a poco fue menguando el ya de por sí escaso patrimonio de Ricardo, en poco tiempo tuvieron que desprenderse de algunas tierras, a lo que siguió la pérdida de enseres, y finalmente cuando el hombre falleció terminaron recurriendo a prestamistas, algo que supuso la ruina para ellos, la codicia acabó por destronarlos de su caprichoso peldaño social para dejarlos en la más absoluta ruina. Estaba claro que era imposible mantener a todos los hijos, por lo que la viuda optó por hacer algo que en esos años era de lo más común, uno de sus hijos, el pequeño Roger fue entregado a una Orden ligada a la Iglesia para que formara parte de sus miembros, así fue como llegó a manos de uno de los caballeros de la Orden del Temple, aquel honorable varón se encargaría de su cuidado y adiestramiento hasta convertirlo en un templario. Pasaron los años y Roger fue formándose bajo el influjo de la cristiandad, y poco a poco sus dotes de caballero se vieron reflejadas en su habilidad con las armas, una destreza a destacar de la que sus maestros no tardaron en percatarse. Se pusieron muchas esperanzas en el futuro de Roger como parte de la conquista de los territorios dominados por los musulmanes; una de las pasiones del muchacho era todo lo referente a la navegación, un enamorado del mar, a temprana edad mostró un creciente interés en el manejo de navíos y la Orden aprobó que él se dedicara a tales menesteres, algo que tuvo su desembocadura en Roger de Flor como Hermano Sargento al timón del navío Halcón. Más tarde en el año 1291 fue una pieza muy importante en la defensa de San Juan de Acre (llamada así durante la Tercera Cruzada siendo la actual Acre, ciudad del territorio israelí), pero su gloria pronto vería punto y final dentro de la Orden del Temple, ya que durante el desalojo de la ciudad, cuando los caballeros luchaban sin cesar para consagrar la Tierra Santa a Dios, varias pertenencias de los templarios desaparecieron, nadie sabía de su paradero y aunque los motivos no han transcendido (o yo no he podido dar con ellos) se sabe que los templarios terminaron acusando a Roger de aquel robo y por consiguiente considerando su acto un insulto para los hermanos de la Orden, aquello pudo tener peor final, pero finalmente los caballeros consideraron que el castigo adecuado para aquella ofensa era la repudia, que por aquel entonces se trataba de una de las peores penitencias psicológicas que un hombre podía soportar, el deshonor. Roger de Flor abandonó su sueño de navegante a bordo del Halcón tras ser expulsado de la Orden del Temple, a merced del destino.

Nos encontramos con un hombre que tenía una experiencia militar como pocos podían poseer, además de ello, grandes conocimientos en la navegación y educado entre libros, lo que hacía de él una persona extremadamente culta, aprovechando el cóctel que acabo de mencionar, decidió hacerse mercenario, entre tanto sus primeros pasos como tal fueron bajo las ordenes del hijo de Pedro III el Grande de Aragón, el rey Federico II de Sicilia. No sabemos si por el rencor acumulado por la ofensa bajo una supuesta falsa acusación de robo, pero Roger comienza a convertirse en una persona con trazas bélicas sin más fin que emplear su vida para ello, ya no era en el nombre de Dios, y poco a poco fue perdiendo los valores que le habían sido inculcados; esto lo llevó a ser un auténtico líder, nada ni nadie se interponía entre él y su objetivo, la misión era lo prioritario por encima de cualquier otra cosa, al ver esta actitud el rey no tarda en darle un sitio privilegiado dentro de sus tropas, regalando al mercenario el mando de las compañías de almogávares. Estos hombres carecían de principios y únicamente militaban por razones económicas, se trataba de mercenarios que habían sido empleados por la Corona de Aragón en las batallas de Valencia y Mallorca, ahora eran empleados en Sicilia para consolidar las conquistas. Tras este nombramiento, vemos a la figura de Roger ligada a numerosas contiendas en las que siempre ponía su máxima resistencia y salía victorioso, como es el caso de la defensa de Mesina en 1302, pero justo en ese año el rey Federico II le anuncia que ya no precisa más de sus servicios ya que ha entrado en periodo de paz, por ello Roger pone sus ojos en las filas del emperador bizantino Andrónico II Paleólogo, éste se encuentra en serios problemas para contener a los turcos, algo que a simple vista no supone quebradero de cabeza alguno para Roger que se pone al mando de 4.000 almogávares, 1.500 soldados de caballería reforzados por 39 naves, conocida también como la Gran Compañía Catalana; en el imperio hizo un sin fin de hazañas, como por ejemplo aniquilar a los genoveses de Constantinopla, tomar Filadelfia, Magnesia y Éfeso, confinando así a los turcos, Andrónico acabó otorgando al mercenario el título de megaduque, comandante de la flota y le entregó uno de sus tesoros más queridos, la mano de su querida sobrina María (hija del zar de Bulgaria). Habrían de pasar algunos años hasta que tuvo lugar una de las batallas que más fama le dieron a Roger de Flor, junto a 8.000 almogávares hizo frente a un ejército de origen turco que contaba con 30.000 hombres, dando muerte a 18.000 de ellos, esto supuso un aldabonazo en la guerra y los turcos comenzaron a retroceder en los años que siguieron a este episodio. Entonces para sorpresa de muchos Roger fue proclamado césar del Imperio, controlando de esta manera los territorios bizantinos en Asia Menor.

No hay que olvidar que los almogávares no eran conocidos precisamente por sus actos de honor o por sus conductas morales, si no más bien por todo lo contrario, encontramos el origen de estas agrupaciones de choque en las filas sarracenas, cuando éstos idean pequeños grupos armados dedicados al asalto y saqueo por sorpresa de los distintos objetivos a conquistar, los almogávares eran tan solo la versión cristiana de ellos, por ello Roger fue considerado por muchos como un pirata más que como un héroe, y es que realmente aunque la presencia de los almogávares fue crucial para la reconquista de España, es cierto que se dedicaban al saqueo sistemático, esto dependía también si los lugareños decidían unirse a ellos por defender sus tierras, es decir también el factor de procedencia y localización influía en el modo de vida de las tropas, pero en el caso de Roger de Flor y sus hombres, si que llevaban a cabo una vida de lo que se podía considerar como piratas, mercenarios que vivían por las armas con el fin económico en sus grandes flotas. Por lo tanto todo este concepto llevó a los altos cargos del imperio a no ver la vinculación con ellos demasiado adecuada, ni si quiera les era cómoda; a ello se puede sumar la codicia de Roger, al parecer las malas lenguas decían que pretendía autoproclamar su soberanía en los territorios conquistados por él y sus hombres.
La inquina que Miguel IX, hijo de Andrónico II sentía hacia Roger crecía por días, finalmente en una conspiración secundada por los más allegados a él y a su padre, el 5 de Abril de 1305 organizó un banquete al que fueron invitados cerca de cien dirigentes de las tropas fieles a Roger de Flor y por supuesto él también recibió tal invitación, ese sería el final del hombre que pasó de templario a mercenario, durante aquella celebración todos ellos sucumbieron asesinados. Sus tropas fueron atacadas de inmediato, la cima de Miguel IX era acabar con todo rastro de ellos, pero no consiguieron dales muerte, y además de ello Berenguer de Entenza, uno de los mayores amigos de Roger de Flor el cual había sido nombrado megaduque tras una de las batallas donde luchó al lado del líder aportando 1.000 de sus hombres, acaudilló un contraataque conocido históricamente como la Venganza Catalana. Tal y como sucede con otros personajes de la historia, para algunos es un héroe, y para otros tal solo un mercenario; dicen que la historia está escrita por los vencidos, por lo tanto a veces solo nos queda leer e intentar moldear, interpretar y finalmente aprender de aquello que nos cuentan.

"Entrada de Roger de Flor en Constantinopla” (José Moreno Carbonero, 1888)

jueves, 9 de junio de 2016

Diez huellas de los templarios en España

Resulta muy curioso ver que incluso los no creyentes se sienten atraídos por todo lo que concierne a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, los Caballeros del Templo de Salomón o más conocidos como los templarios.
El Temple fue fundado en el año 1118 por nueve honorables caballeros franceses de los que destacaba el primer gran maestre de la Orden, Hugo de Payns. Inicialmente su único cometido era el de proteger los caminos, guardar de todo mal a los peregrinos que acudían a Tierra Santa después de la Primera Cruzada (1096-1099). El 13 de enero de 1129 la Iglesia Católica convocó en Troyes (Francia) un Concilio para reconocer oficialmente a la Orden del Temple, desde ese instante los templarios comenzaron a crecer de manera progresiva e imparable, su mano se extendía cada vez más y la propia Iglesia les encomendaba misiones en el nombre de Dios, el Temple fue la mayor y más poderosa de las ordenes militares; su mezcla de honor, misterio, devoción y férreos principios ha hecho que se hable de ellos durante el caminar de toda la historia. Se les distinguía por su indumentaria blanca, un color relacionado con todo lo puro e intachable, su pecho estaba presidido por la Cruz Paté, uno de los símbolos más reconocidos de la Orden.
A lo largo de su existencia como caballeros, participaron en las Cruzadas, crearon un prototipo de lo que hoy conocemos como banco y siguieron un patrón económico que enriqueció de manera cuantiosa a la Iglesia, también en las tierras que les eran concedidas construían grandes edificaciones en las que hoy podemos encontrar su sello. En su periodo activo, los templarios fueron el centro de las miradas, admirados y envidiados, han sido tantas las leyendas que nos han llegado que es imposible saber cuáles son verdad y cuáles son meras habladurías; se dice que custodiaban la cabeza de Juan el Bautista, así como el Santo Grial.
Pero como todo lo honorable, no duraría demasiado tiempo, Felipe IV de Francia contrajo una fuerte deuda con los templarios y en un acto de cobardía sin igual instigó al nefasto Papa Clemente V para que disolviera la Orden acusando a los caballeros de toda clase de injurias, entre ellas ritos de iniciación satánicos, magia negra, herejía y robo. Así fue cómo comenzó una persecución descabellada contra todos los integrantes del Temple. Apresados, torturados y avergonzados, aquellos que habían dado su vida por Dios ahora perecían entre falsas acusaciones infundadas por la codicia de un ridículo rey.
El fatídico 18 de marzo del año 1314 el último gran maestre, Jacques Bernard de Molay, fue quemado en una espantosa hoguera frente a la Catedral de Notre Dame junto a los últimos templarios que fueron apresados con vida, cuentan que él lanzó una maldición contra el Papa Clemente V y el rey, se cumplió y ambos murieron en el plazo que el templario había dicho. Lo cierto es que la Orden del Temple nunca se extinguió y hemos sido nosotros los encargados de que entre esas llamas solo se consumiera el alma de los mentirosos, en el fondo los templarios  han conseguido permanecer entre nosotros con su legado hasta nuestros días.

"Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam"

  • El sello de los elegidos en la capilla secreta de la iglesia de Nuestra Señora de la Carrasca de Bordón:
    Este símbolo tiene varios significados, la Cruz Tau es uno de los emblemas representativos de la Orden del Temple, está asociada al culto hacia las deidades femeninas, ya que en el Antiguo Egipto al añadir la T de manera sonora a una palabra pasaba a ser femenina, esto podría estar relacionado a su vez con el culto y devoción del Temple hacia la Virgen. Por otra parte quizás solo estemos ante el simple significado de la inicial de la Orden; también se ha localizado este símbolo en sepulcros de los considerados como mártires. Permanece ligado a cualidades como protección, fuerza, firmeza e incluso en el ámbito cristiano ubicar la Cruz Tau en partes extremadamente visibles de un templo de oración significaba Iniciación Superior. Los significados que más se relacionan con el Temple es el del ocultismo (algo que está conectado a la creencia de que los templarios eran portadores de algunos secretos de magia ancestral) y por otra parte el más emblemático, dicen que lo utilizaban para dejar constancia de lo que era la Orden del Temple "elegidos de Dios". Es habitual encontrar esta cruz por distintos enclaves de nuestro país y a mi personalmente me encanta verlos en lugares como la capilla secreta de Nuestra Señora de la Carrasca, levemente ocultos, pero a la vista de aquellos que saben verlos.
  • La escalera invertida del castillo de Peñíscola:
    Entre los años 1294 y 1307 fue alzado el castillo, anteriormente era el lugar donde se encontraba una de las alcazabas musulmanas (de la palabra árabe al-qaṣbah, ciudadela), dado su emplazamiento a 64 metros sobre el nivel del mar y a que sus dimensiones superan los 200 metros de perímetro y 20 de altura, el castillo templario de Peñíscola fue uno de los más importantes de su época. No es difícil deleitarse con los símbolos templarios por toda la fortaleza, también en su construcción intuimos el halo que produce la Orden del Temple, pero hay un detalle que resulta especialmente curioso; hay una de sus escaleras, concretamente la que conduce a la terraza superior del castillo, que está enfrentada con otra escalera invertida. No está claro el motivo de su fabricación, pero se dice que según la profecía, un día el mundo dará la vuelta y el cielo estará donde ahora está la tierra; por ello los templarios optaron por señalizar la importancia de las profecías ante los ojos de los incrédulos mortales.
  • La celosía de la capilla del Caballero San Galindo en San Bartolomé de Campisábalos:
    Esta curiosa celosía está presidida por el Sello de Salomón, el cual está relacionado con la Orden, tiene propiedades de todo tipo ya que está ligado a multitud de creencias, entre ellas se dice que es un símbolo protector, al que se le atribuye el don de alejar a los demonios y malos espíritus, posee el equilibrio entre el cielo y la tierra, entre lo femenino y lo masculino, así como entre el las energías y la espiritualidad. En el centro del Sello de Salomón podemos ver la famosa estrella de David, y justo en mitad de la misma hay otro símbolo de los templarios por excelencia, la Cruz de las Ocho Beatitudes; esta cruz es un símbolo de meditación, amor al prójimo, espiritualidad, humildad y honor. Está ligada también a otras ordenes militares por su poderoso simbolismo, contiene dentro una Cruz Paté (de las más conocidas dentro de las cruces atribuidas al Temple), una de las principales funciones de esta cruz era portar un idioma codificado el cual solo unos pocos templarios eran capaces de leer. Ambos símbolos juntos forman un icono portador de una fuerza realmente sobrenatural.
  • Las Ocho Beatitudes de la cruz son: 1.Poseer el contento espiritual. 2.Vivir sin malicia. 3.Llorar los pecados. 4.Humillarse al ser ultrajados. 5.Amar la justicia. 6.Ser misericordiosos. 7.Ser sinceros y limpios de corazón. 8.Sufrir con paciencia las persecuciones.
Sello de los elegidos, escalera invertida del castillo y la celosía con el Sello de Salomón

  • Estanque de ceremonias bautismales en el castillo de Zorita:
    Este castillo está especialmente relacionado con la honorable Orden de Calatrava, pero hay muchos indicios de que los templarios pudieron estar en él también. Cerca de la entrada, hay un túnel que va descendiendo hasta conducir a un lúgubre habitáculo con una cúpula octogonal, cabe destacar la enorme importancia del número ocho para el Temple, es un número que para ellos significaba equilibrio, el principio de la vida, resurrección, justicia, regeneración, y lo relacionaban con las Aguas Bautismales, por lo que nos encontramos con una estancia muy propia de los templarios. El estanque estaba abastecido por un aljibe contiguo, también una una estancia interior daba a esta octogonal sala. Las escaleras que preceden a la entrada de la cripta, también se ven influenciadas por el número ocho si contamos sus escalones.
  • La iglesia de San Pantaleón en Cuenca:
    El Consorcio de Cuenca anunciaba en el año 2011 un plan para la recuperación de las ruinas de esta iglesia, considerada como la más antigua del municipio, de la que queda muy poco, la puerta principal y algunos de sus muros con capiteles, ahora bien, esta obra que suponía la musealización del yacimiento, así como aplicar un tratamiento especializado a sus muros para evitar el deterioro por las lluvias, contaba con un presupuesto de 110.019€. Es lamentable ver las ruinas convertidas en una terraza con sillas y mesas como si eso fuera un vulgar bar, lo que viene siendo un insulto a la Orden del Temple, algo que también vemos a escasa distancia de dicha iglesia, en el antiguo convento que ahora es un hotel. El suelo de la iglesia está lleno de tumbas, el templo está datado en el siglo XIII.
  • Tumbas de los Caballeros de la Orden del Temple:
    Burguillos fue reconquistado en el año 1238 por el rey Fernando III, a partir de ese instante los templarios pasan a ser los encargados de instaurar el cristianismo en el territorio, aunque previamente a la reconquista ya el rey Alfonso IX le había asignado estas tierras al Temple. Burguillos permaneció bajo la protección de los templarios desde el año 1238 hasta el 1312, fecha en la que aconteció el Concilio de Vienne en el que entre el Papa Clemente V y Felipe el Hermoso decidieron que el fin de la gloriosa Orden del Temple había llegado. Durante esos 74 años en aquellas tierras, erigieron una antiquísima iglesia, la de Santa María de la Encina (entre otras muchas construcciones), bajo la misma podemos encontrar los restos de varias tumbas templarias, una de ellas en un excepcional estado de conservación, con un aspecto sobrecogedor que infunde un gran respecto, presidida por la Cruz de las Ocho Beatitudes.
Entrada de la cripta con el estanque al fondo, puerta de la iglesia de Cuenca y la tumba templaria

  • La piedra tallada de la fortaleza de Monzón:
    Uno de los castillos que más ha contribuido a la historia de España es el castillo que está integrado en la robusta fortaleza de Monzón en Huesca, allí fue educado por los mismísimos templarios el rey Jaime I de Aragón. También fue el lugar que albergó durante años a la Tizona, la espada del famoso y aclamado Cid Campeador (el cual casó a su hija Cristina con uno de los señores de estas tierras). El Temple estuvo por los parajes colindantes a Monzón desde el año 1143 hasta el fin de su existencia. En el año 2013 saltaba la noticia de una de esas fechorías que tanto nos molestan a los que amamos la historia y la arqueología, un grupo de desalmados había robado una roca de considerable peso que formaba parte de la fortaleza y que se encontraba al ras del suelo con el sello de los templarios, la Cruz Paté. Un vecino del lugar, Javier Serena, dio la voz de alarma haciendo uso de las actuales redes sociales al ver que faltaba la piedra, lo más curioso de este asunto, es que tan solo unos días después el trozo de historia robado era devuelto de manera completamente anónima, depositado en las inmediaciones del castillo entre el más absoluto sigilo; nada se sabe de los ladrones, ni de los motivos que los condujeron a devolver la valiosa roca, pero muchos amantes de todo lo que envuelven a la Orden del Temple comenzaron a recordar el halo mágico y misterioso que siempre ha envuelto a los templarios.
  • El óculo de la ermita de San Bartolomé de Ucero:
    La estrella de cinco puntas ha jugado un papel muy importante en un gran abanico de creencias, tal y como explicaba anteriormente con el Sello de Salomón. Es la representación del poder, la conexión entre el cielo y la tierra, así como la representación de la protección divina en algunas religiones. Para el temple tiene un gran significado, unos dicen que esotérico y otros dicen que le procesaban un culto tan especial por su vinculación espiritual con Jesús de Nazaret. En casi todas las construcciones realizadas por la Orden del Temple podemos encontrar de una manera u otra la estrella de David como símbolo de protección. En la ermita templaria de San Bartolomé de Ucero, encontramos presidiendo el portón principal un óculo en forma de mandala, en su centro está la estrella de David invertida y queda acorazada por cinco corazones, ese número simboliza la búsqueda de la sabiduría y la lucha del ser humano por la vida. También la suma de los dígitos del 23 como dato del total de los grandes maestres del Temple equivale a 5.
Cruz Paté grabada en la piedra de Monzón y el óculo de la Ermita de San Bartolomé

  • Cruz grabada en la roca de Alconchel:
    Bajo la jurisdicción del castillo de Alconchel, el Temple dominó gran parte de aquellas tierras que le fueron otorgadas para restablecer el cristianismo en la misma época que citaba antes al municipio de Burguillos. Debida a su alta ubicación de difícil acceso, esta fortaleza se posicionó como una gran baza para la Orden del Temple; tenía cinco aljibes, y en el punto más alto destacaba la torre del homenaje. El paso de los templarios por este municipio de Badajoz, se extendió hasta el fin de la Orden, fueron múltiples las construcciones que realizaron, pero de nuevo conducimos nuestra mirada hacia uno de esos puntos que no todo el mundo ve, no es una gran iglesia ni una imponente fortaleza, pero es un símbolo ancestral que nos traslada de lleno hasta los pasos de los honorables templarios. En uno de los caminos, entre el polvo que levantaban los caballos del Temple a su trote, hay una roca distinta a las demás, pues en su centro los templarios grabaron una cruz que quedará como sello de su paso para siempre.
  • La leyenda de la Torre Sangrienta:
    Jerez de los Caballeros fue uno de los emplazamientos ocupados por los templarios hasta la extinción de la Orden, se dice que no se rindieron ante las tropas del rey, pero poco a poco fueron perdiendo caballeros y terreno, hasta que se vieron rodeados en una de las torres de la fortaleza de Jerez; allí fueron cruelmente degollados. Cuenta la leyenda que antes de morir, estos caballeros hicieron un último acto de honor, en el nombre de Dios forjaron un juramento en el cual cada uno de ellos regresaría de la tumba para volver a recorrer los caminos hacia Tierra Santa protegiendo una vez más a los peregrinos de cualquier mal. Los lugareños afirman que en las noches desnudas sin luna, cuando el cielo solo da cobijo al manto de estrellas, tras las doce campanadas que anuncian la media noche, los caballeros templarios degollados regresan del más allá para cumplir lo que juraron en vida. No es una aparición que se haya visto como tal, pero cuentan que justo cuando cesan las campanadas se escucha silbar, silbidos que no cesan durante horas hasta que el sol irrumpe entre la oscuridad, los más ancianos aseguran que se trata de la Santa Compaña templaria, los caballeros llamando a sus corceles para ir hacia Tierra Santa, que cuando ven el salir sol tristes por no poder hacer frente a su juramento regresan a la muerte hasta la próxima noche sin alma, una noche sin luna en la que volverán a esperar por sus caballos.
Cruz grabada en la roca de Alconchel y la Torre Sangrienta de Jerez
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